Blog de la Escuela de Educación Infantil José Zorrilla donde iremos incluyendo toda la información, noticias y cuantas cosas creamos necesarias e interesantes para educar en igualdad.

domingo, 15 de enero de 2012

COEDUCACIÓN, UN CAMINO CON MUCHAS DIRECCIONES

En un momento de reflexión me pregunto:
¿Caminamos hacia una igualdad real? Hablamos de igualdad y de logros, de coeducación y acercamientos. Tal vez las niñas hayan conquistado parcelas hasta hace algún tiempo vetadas para ellas, en este sentido podríamos afirmar que los logros son importantes. Pero ¿Se ha dado el mismo acercamiento de los niños hacia el terreno de las niñas?

Desde una perspectiva coeducativa la igualdad no es real sino equilibramos la balanza.
Ocupadas de sumergir a las niñas en ese universo casi prohibido, en un mundo masculinizado y patriarcal hemos considerado un logro el acercamiento y hasta la conquista de determinadas parcelas.

Como educadoras y educadores tal vez hayamos caído en un juego engañoso: si luchamos porque las niñas se posicionen en lugares tradicionalmente atribuidos a los varones es porque hemos considerado que estas parcelas serán, per se, buenas.
¿Si? ¿Es eso cierto? ¿Por qué hemos hecho el camino en esa dirección? ¿Estaríamos en el mismo lugar si orgullosas del valor de actitudes como la ternura, la tolerancia, el consenso mediante la comunicación o el cuidado de los demás se hubieran transmitido a niñas y a niños como auténticos valores prioritarios?
En un mundo competitivo, violento y consumista la carrera no está a favor de nadie, se nos venden estilos de vida y se nos hace creer que somos mejores porque pertenecemos a un clan.

Quienes atravesamos a diario la puerta de un aula observamos el devenir en estado puro y la observación arranca una cierta frustración: Los niños se reafirman en su masculinidad atávica y ancestral, resuelven los conflictos con la fuerza, lucen poses desafiantes y sus juegos reproducen modelos audiovisuales de nombres imposibles o se desarrollan en torno a un balón. A partir de los 5 años ya son clones de lo que serán en el futuro si nadie lo remedia. Su acercamiento al mundo de las niñas es torpe e inseguro, siguen entrando “a saco” y considerando sus formas de actuar como un modelo no válido, imitarlas es insultante, sus cosas son “de niñas”, hasta un color las define: el rosa.
Las niñas, que también se reafirman en una feminidad atávica y ancestral, empiezan a resolver sus conflictos por la fuerza, lucen poses desafiantes y sus juegos reproducen modelos muy cercanos a la vida adulta: mujeres de apariencia descarada que dicen comerse el mundo y cuya fuerza radica en lo apabullante de sus cuerpos.
Pero también, en honor a la justicia, se observa cierta propensión a exteriorizarse con mayor seguridad cuando se las pregunta por cualquier aspecto relacionado con su identidad como niñas. Las niñas son, los niños son “lo que no son” y en este sentido la labor coeducativa ha actuado de manera positiva hacia ellas pero ha descuidado la asunción de la identidad masculina en sí misma.

Por eso la coeducación en la escuela no es posible si no se da una coeducación social, sino cambia el modelo de hombre y de mujer, ese que se nos escapa por las costuras y que obliga a una remodelación seria y profunda.
A la vista de los acontecimientos el balance nos coloca un debe bastante lamentable: un gran número de hombres desorientados y a la defensiva frente a hípermujeres que al reafirmarse como tales degeneran en insatisfacción y/o maltrato.
Sin cerrarse del todo una brecha de género parece que el tejido se desagarra por otro lado y es que el empeño por la igualdad ha caído en una trampa perversa, la igualdad solo afecta a las mujeres, nosotras luchamos por igualarnos (a ellos) y algunos hombres (buenos, los malos matan) nos ayudan a que seamos más iguales (también a ellos)

Y en medio de toda esta revolución se alza la escuela, como un pequeño saurio, a dos patas, con sus consignas y su manía de enseñarlo todo en asignatura y con nota, donde el ejercicio de hacer no se le parece nada al de pensar y sentir, y por eso, al cerrar la puerta seguimos colgando el disfraz de coeducar en la misma percha en que colgamos la bata porque al salir del aula, con la cara lavada y el traje de diario, de repente y sin saber de donde viene, un coletazo feroz nos tira por los suelos.

Begoña Álvarez Moratinos

2 comentarios:

Belén dijo...

Muy cierto todo lo que dices, y sí es verdad que hemos dejado, a veces a un lado, la ya sabida educación de los chicos,ellos tambien saben ser dulces, amables, cariñosos y tener una gran sensibilidad.

...Y a los niños también les gusta jugar con muñecas y casitas y pintar mundos de colores. Como madre lo he vivido com mi hijo,
se hizo sus muebles de papel que colocó en su casita. Y tenia su muñeco que vestia y acostaba en la casita, igual que hacia su hermana.
Y NO PASA NADA.

Y también jugar al balón es muy divertido, la cuestión es el tener libertad absoluta y jugar con lo que uno o una quiera y le apetezca sin tener que se judgados por ello ya desde niños.
Mi apoyo absoluto a todas y todos los educadores que haceis que los hombres y mujeres del mañana sean mas respetuosos entre ellos.

Marcela dijo...

Chapó, compañera. Esta reflexión habría que publicarla en periódicos de tirada nacional para hacer pensar a la gente.

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